Existe en nuestra sociedad una idea muy arraigada acerca de la convivencia de perros de genero macho en un mismo hogar. Es cierto que cuando los perros, sean del género que sean, comparten un espacio físico, se crean sus propias jerarquías y adoptan un orden en su particular manada. Esto forma parte de su propia naturaleza, porque aunque muchas veces no lo queramos ver, los perros son animales de manada. Esta característica es consustancial a su código genético y a sus orígenes como animales salvajes.
Podemos escuchar muy a menudo afirmaciones del tipo... yo a mi perro no le podría meter otro macho en casa, mi perro es muy dominante, mi macho no podría soportar a otro como él dentro de casa...
Si hablamos de perros grandes el miedo es mayor. Evidentemente, cuando uno tiene un nuevo animal en su casa y más si es grande, ha de tomar determinadas precauciones y ayudarle, ya sea su estancia larga o corta, a encontrar un sitio en su nueva manada.
Nuestra experiencia se circunscribe a perros que vienen de la calle, perros acogidos o perros adoptados. Y lo único que puedo decir es que los grandes machos, no son distintos de los demás perros. Rápidamente encuentran su sitio y se acoplan al grupo perruno que les toca e intentan vivir felices en él. Es una pena que los perros de razas grandes sean los más difíciles de adoptar, y de entre ellos los machos. Con los galgos ocurre especialmente, sus oportunidades de adopción se reducen sensiblemente por causa de su género.
Para nosotros los grandones son animales ideales. Son juguetones, tontorrones y graciosos. Generalmente buenos y compatibles con otros perros, gatos y niños. Una delicia.
Grandes mastines, galgos, pastores, nórdicos, mestizos, podencos... grandes perros en definitiva.
Ayudarles a encontrar su lugar en nuestras casas es quererles, puede que a veces sea fácil o puede que no, pero ellos siempre pondrán se su parte para hacerlo más fácil.
Y para muestra un botón:
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| Alvin y Ángel (por orden de jerarquía), descansan tras una jornada de juegos. Enero 2012. |